mié

04

feb

2009

En recuerdo a Remedios Álvarez, Franciscana Misionera de María

 

Todos la conocíamos como REME aunque su nombre era Remedios. La menor de una familia numerosa (10 hermanos)  emigró con su familia, a los nueve años, de un pueblo de Almería a Barcelona. Toda su vida ha sido una constante entrega. Desde bien jovencita sintió que el Señor le pedía que le siguiera y le entregara su vida en otra familia: La de las Franciscanas Misioneras de María, a quienes había conocido porque vivían cerca de su casa. Así a los 18 años entra en este Instituto. Acabado su período de formación humana, religiosa y espiritual llega a nuestras islas y en concreto a Lanzarote, en el Municipio de Tias, en septiembre de 1993 Allí trabajará como profesora de religión en un colegio público y por las tardes entregará todo su tiempo a la pastoral y específicamente a los preadolescentes y jóvenes. Enseguida se hace cercana a la gente y siempre disponible para todo lo que necesiten de ella. Se compra los materiales necesarios para ser podóloga y así se le hace más asequible la entrada en las casas y ello le facilita conectar con la gente. En Lanzarote, donde estuvo cuatro años,  fue feliz, muy feliz, pero sentía que el Señor le pedía ahora que era joven   pedir ser enviada a las misiones. En concreto recibe el destino de: la isla de Guadalupe, en la Guayana francesa. Allí sigue trabajando en la pastoral: Ella con otra hermana van a pueblos alejados. Están toda la semana acompañando y animando a la comunidad: atendido a las familias, catequesis, formación de catequistas, jóvenes…….  Pero el Señor le pide una nueva entrega: regresar de misiones para estar cerquita de su padre que sufre un Alzheimer profundo hasta el punto que no reconoce a su hija cuando llega. Después es destinada a una comunidad de Burgos donde trabaja dando clases y en la pastoral del colegio de la congregación. Su padre muere y ella solo desea venir de nuevo a Lanzarote, pero su madre, ya mayor la necesita cerquita. De nuevo vuelve a entregarse. Y sigue en esta comunidad pensando que quizás más adelante pueda regresar a una comunidad canaria.

Pero el Señor sigue queriendo que se entregue. Y esta vez es definitiva. Sin más, comienza a encontrarse mal, acude al médico y le diagnostican un cáncer de estómago. La operan pero no hay nada que hacer.

Han sido tres meses de agonía, sufrimiento y de entrega. A todas nos ha dado un gran testimonio cuando viendo ella misma que no había apenas esperanza entregó al Señor su pasado, su presente y su futuro (palabras de ella misma). Su madre ha permanecido junto “a la cruz” sufriendo como María y ella enseñándonos lo que quiere decir ENTREGARSE con paz y confiando. Cuando hacía una semana que había cumplido sus 47 años entregó definitivamente su vida.

Para todas nosotras ha sido una experiencia para aprender y agradecer el Señor el don que nos ha dado de poder ser “sus hermanas”.

Una vida corta, sencilla, fecunda y llena de entrega a Dios y a los hermanos.

 

Franciscanas Misioneras de María

 

 

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