Delegación Diocesana de Misiones. Diócesis de Canarias
mié
19
nov
2008
Randiño es zona de inundaciones, y llueve como si fuese el Diluvio Universal. Las lluvias comienzan en Octubre y no paran hasta Marzo. Así que imaginen qué niño podrá ir a la escuela.
En Randiño pueden estudiar hasta 4º de primaria, para estudiar 5º deben andar 5km de ida y otros tantos de vuelta. Y para estudiar de 8º a 12º (preuniversitario) deben desplazarse 40km. Piensen que
nadie tiene coche, no hay luz eléctrica ni carreteras, sólo un camino del que no te puedes salir porque es zona minada desde la guerra. No puedes apartarte del camino ni para orinar, porque puedes
perder la vida o una pierna.El problema crece cuando hablamos de niñas. Las que más estudian llegan a 4º y luego ya
a trabajar. Aunque lamentablemente muchas no comienzan, o abandonan en 1º o 2º. El trabajo del campo es mucho y el de la casa también porque cada familia puede tener de 8 a 15 niños. Por eso en la
escuela la mayoría son niños.
El profesor de Randiño estudió hasta 8º, porque el país no tiene profesores suficientes. En la ciudad puedes ser
profesor de secundaria con nivel del antiguo 2º de BUP (4º de la ESO).
Cada clase tiene 56 alumnos. Aunque en Randiño son más porque es la única escuela. Quizá por eso no hay ni sillas, todos sentados en el suelo repiten lo que dice el profesor. El método de aprendizaje
es la memoria, porque muchos no tienen libretas, ni lápices, ni nada, o se les mojan por el camino o en sus casas de paja y barro. Así que los alumnos responden todos a una.
Otro problema es el horario. Comienzan a las 7 de la mañana aproximadamente y en la época de verano hace muchísimo frío y ellos no tienen abrigo. Se levantan tarde y llegan a clase a cualquier hora.
No tienen relojes, ni ellos ni sus padres y se orientan por el sol.
Otro problema grave es la malaria y el SIDA. Muchos niños son portadores de HIV y con la malaria la mortalidad infantil se dispara por las nubes. Además pueden imaginar que el primer médico lo
tenemos a 60km por caminos de tierra. Casi todas las madres dan a luz en sus casas, con lo cual la mortalidad materno-infantil también es alta.
La escuela es una auténtica fiesta. Los niños y niñas estudian con muchísimo entusiasmo. No se lo pueden ni imaginar. Algunos aprenden a escribir en el suelo, porque el piso del aula es de tierra y
con el dedo escriben si no tienen lápiz o cuaderno.
Y tantas cosas más que se pueden imaginar. Pero todos son inmensamente felices en la escuela: cantan y bailan, repiten cantando todo lo que les dice el profesor. Y sepan que en Randiño la gente es
tan cariñosa que no te dan ganas de dejarlos ni un segundo. Es un lugar de paz y alegría en medio de la pobreza extrema. Un lugar de humanidad y ganas de luchar, estudiar y vivir.
Manuel de Los Reyes Ramírez Medina
Misionero en Mozambique
Testimonio enviado a la Delegación de Misiones de la Diócesis de Canarias. ddmlaspalmas@hotmail.com.